{"id":1027,"date":"2017-02-11T11:36:44","date_gmt":"2017-02-11T17:36:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.morelos-magazine.com\/?p=1027"},"modified":"2017-02-11T11:39:20","modified_gmt":"2017-02-11T17:39:20","slug":"1027-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.morelosmagazine.com\/?p=1027","title":{"rendered":"Las Antiguas Huerta de Cuernavaca"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Juan Jos\u00e9 Landa<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ha recibido varios reconocimientos por su labor como historiador y conferencista, es autor de m\u00e1s de nueve libros sobre Cuernavaca, entre los que destacan Los Tlahuicas\u201d y Archivos Zapatistas. \u00a0\u201cSe hizo acreedor de la \u201cBugambilia de Plata\u201d, otorgada por el H. Ayuntamiento; se gan\u00f3 el primer premio en los Juegos Florales, y le fue entregada \u201cLa Rosa de Plata\u201d<\/strong>.<\/p>\n<div id=\"attachment_1029\" style=\"width: 4460px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-1029\" data-attachment-id=\"1029\" data-permalink=\"https:\/\/www.morelosmagazine.com\/?attachment_id=1029\" data-orig-file=\"https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?fit=4450%2C2840&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"4450,2840\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;18&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon EOS REBEL T1i&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1300845203&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;18&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;400&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.016666666666667&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"El Museo de la Herbolaria, fue una importante huerta\" data-image-description=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?fit=300%2C191&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?fit=620%2C396&amp;ssl=1\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-1029 size-full\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.morelos-magazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?resize=620%2C396\" width=\"620\" height=\"396\" srcset=\"https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?w=4450&amp;ssl=1 4450w, https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?resize=300%2C191&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?resize=768%2C490&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?resize=1024%2C654&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?w=1240&amp;ssl=1 1240w, https:\/\/i2.wp.com\/www.morelosmagazine.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/Museo.jpg?w=1860&amp;ssl=1 1860w\" sizes=\"(max-width: 620px) 100vw, 620px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><p id=\"caption-attachment-1029\" class=\"wp-caption-text\"><em><strong>El Museo de la Herbolaria y Medicina Tradicional de Cuernavaca fue una importante huerta <\/strong><\/em><\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muchas son las historias y los recuerdos de las inmensas huertas que anta\u00f1o existieron en Cuernavaca, las cuales se expandieron, a trav\u00e9s de los siglos, por todo el Valle de Cuauhn\u00e1huac. La vida de los cuernavacenses, en torno a los \u00e1rboles frutales, transcurr\u00eda en armon\u00eda con la naturaleza, y este medio ambiente es el que disfrut\u00f3 la gente morelense del pasado, hace m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, este tema es parte de la identidad de los nativos de Morelos.<\/p>\n<p>Estimado lector, con los testimonios orales de la gente longeva, con lo que hay escrito y con lo que le toc\u00f3 ser testigo al que esto escribe, podemos hacer una remembranza de las huertas de Cuernavaca. Por ejemplo, para los cuernavacenses de anta\u00f1o era com\u00fan caminar, divertirse, descansar o trabajar bajo b\u00f3vedas de frondas y techumbres de enramadas, doseles vegetales que siempre dieron sombra fresca a la gente, protegi\u00e9ndola del sol esplendoroso de esta tierra caliente. Era un microclima arb\u00f3reo que en aquel entonces contribu\u00eda a generar el clima paradis\u00edaco, de la que llamaban la ciudad de la Eterna Primavera.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os sesenta, como estudiante de la primaria Felipe Neri, con los cuates de la escuela nos \u00edbamos saliendo de clases, a asaltar las huertas, casi siempre la del Rancho Colorado, que era la m\u00e1s cercana a nuestro barrio de Gualupita. En esta arboleda crec\u00edan much\u00edsimos \u00e1rboles de guayaba pomarrosa, manjar de esta tierra que dio el mote de \u201cguayaberos\u201d a los habitantes de Cuernavaca. Desafortunadamente, la pomarrosa se ha ido extinguiendo en esta ciudad. Actualmente, ni vestigios quedan de esa huerta, desde que en 1962 construyeron el mercado Adolfo L\u00f3pez Mateos. Otra huerta cercana a Gualupita, fue la Amatitl\u00e1n. Asimismo, la huerta m\u00e1s cercana al centro de Cuernavaca fue la del barrio de Santo Cristo, al sur del Palacio de Cort\u00e9s. Al construir el boulevard Ju\u00e1rez en 1945, acabaron con los \u00e1rboles frutales que all\u00ed crec\u00edan. Existi\u00f3 otra huerta cercana al centro de Cuernavaca, la del obispado, situada al sur de la Catedral; cuyo terreno se expropi\u00f3 en 1928, para inaugurar all\u00ed en 1933 el parque Revoluci\u00f3n, despu\u00e9s en 1957 en este mismo lugar inauguraron un Jard\u00edn de Ni\u00f1os, con lo que desaparecieron los vestigios de aquella huerta del obispado.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir por ejemplo, que al terminar la revoluci\u00f3n en 1920, la mitad del municipio de Cuernavaca era una huerta, cuyos frutos dieron de comer a los cuernavacenses en las hambrunas de la guerra. Esta gracia de la naturaleza se debi\u00f3 a la abundancia de manantiales que anta\u00f1o hab\u00eda en esta tierra, cuyas aguas se canalizaban a una red de apantles, que irrigaban los suelos donde crec\u00edan las huertas, cercadas por tecorrales, \u00e1rboles de zompantle o troncos, pero muchas no estaban cercadas.<\/p>\n<p>La huerta situada al sur de Cuernavaca, siempre fue la de Chipitl\u00e1n, era enorme y se confund\u00eda con las cazahuateras que abundaban en ese lugar. Aqu\u00ed se dieron fuertes combates entre zapatistas y federales, en la guerra de 1914; despu\u00e9s de estas batallas much\u00edsimos \u00e1rboles quedaron marcados con impactos de balas. Hab\u00eda otras huertas en Tlaltenango, en medio de ellas en 1523, Hern\u00e1n Cort\u00e9s construy\u00f3 su finca y la capilla de San Jos\u00e9. Las de Acapantzingo fueron famosas porque las mencionan los conquistadores en 1521; dicen que en medio de ellas durmieron la noche del 13 de abril y que eran propiedad de un tlahuica principal llamado Yoatzin. En 1866, Blas\u00edo secretario de Maximiliano, dijo que visitaron \u201cvarios jardines \u2013en Acapantzingo- muy hermosos del pueblecillo\u201d. Entre estas huertas el emperador construy\u00f3 la casa del \u201cOlvido\u201d . San Ant\u00f3n era un pueblito oculto en la inmensidad de las huertas. En medio de estas arboledas hab\u00eda vestigios arqueol\u00f3gicos de los tlahuicas, como la roca del lagarto. Las dos barrancas que rodeaban dicho pueblito, la de los Caldos y la de San Ant\u00f3n, estaban llenas de guayabos, quiz\u00e1s por esto aqu\u00ed hac\u00edan un rico \u201cguayabate\u201d , dulce en alm\u00edbar t\u00edpico de Cuernavaca. En 1845 Guillermo Prieto dijo de San Ant\u00f3n \u201cest\u00e1 situado en un bosquecillo risue\u00f1o de \u00e1rboles frutales y de flores\u201d.<\/p>\n<p>Cuando Cuernavaca fue declarada ciudad en 1834, exist\u00edan las siguientes huertas: las de los pueblos de Santa Mar\u00eda, Tetela, Tlaltenango, San Ant\u00f3n, Chipitl\u00e1n, Acapantzingo, Chapultepec y Atlacomulco; las de los barrios de San Francisco, Santo Cristo, San Pablo, Amanalco, Cantarranas y la del Obispado. Cuando los norteamericanos tomaron Cuernavaca en 1848, durante su estancia en esta ciudad comieron fruta en exceso, motivo por el que muchos gringos enfermaron del estomago y varios por esta causa murieron al llegar a la ciudad de M\u00e9xico. Si en 1959 alguien hubiera querido ver al mismo tiempo todos los frutos que se daban en Cuernavaca, en sus respectivas temporadas, solo ten\u00edan que visitar el mercado ubicado en la calle Guerrero y all\u00ed las marchantas le ofrec\u00edan flamantes montones de estas frutas, por ejemplo las ciruelas las acomodaban en forma de pir\u00e1mide. Las frutas eran fuente de ingresos econ\u00f3micos; hab\u00eda fruteros que vend\u00edan la fruta al menudeo y hab\u00eda muchos que la comercializaban al mayoreo, transport\u00e1ndola en camiones a la Ciudad de Mexico<\/p>\n<p>Finalmente, mencionar\u00e9 los frutos de las huertas de Cuernavaca, por orden de abundancia: guayaba (varias clases), ciruela, pl\u00e1tano (varias clases), mango (varias clases), zapote (varias clases), aguacate, mamey, chicos, lim\u00f3n, naranja, durazno, cuajinicuil, lima, anona, chirimoya, nanche, membrillo, toronja, n\u00edspero, guam\u00fachil, granada, array\u00e1n, tejocote, papaya y el coquito de la palmera.<\/p>\n<p>Es evidente que hab\u00eda \u00e1rboles frutales nativos e introducidos y frutos de clima fr\u00edo y caliente. Para concluir, considero que las huertas se extinguieron por causa del voraz crecimiento urbano, cuyas consecuencias ocasionaron la tala de los \u00e1rboles, tambi\u00e9n por la contaminaci\u00f3n de las barrancas, por una plaga que efecto los frutos y por la proliferaci\u00f3n de fauna nociva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Juan Jos\u00e9 Landa Ha recibido varios reconocimientos por su labor como historiador y conferencista, es autor de m\u00e1s de nueve libros sobre Cuernavaca, entre los que destacan Los Tlahuicas\u201d y Archivos Zapatistas. \u00a0\u201cSe hizo acreedor de la \u201cBugambilia de Plata\u201d, otorgada por el H. 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